Isaac Belmar

La venganza será mía

30 12 - 2019

¿Compensa ser bueno?

«¿Has sido bueno este año?». Las Navidades siempre llegaban con esa frase y todo comienza como una pregunta infantil, lo que suele ser señal de que se trata de un tema importante.

Siempre me he cuestionado (lo sigo haciendo) si compensa ser bueno. En esta vida, quiero decir, no en la siguiente.

Como niño católico, don Miguel me crió en que el premio estaba al otro lado: Si eres pobre y bueno, el cielo será tu campo de juegos. Como mecanismo para mantener el statu quo y que el de abajo sea dócil, ha funcionado, al menos durante bastante tiempo.

Pero resulta que sí hay respuesta a mi inquietud, aunque tiene un montón de piezas.

No importa, mi regalo de Navidad favorito fue un Tente.

Para empezar, los «buenos» ganan menos dinero que los insoportables y demandantes. Si una parte de la bondad es no ser conflictivo y resultar agradable, cobrarás menos. Sin embargo, uno puede alegar que es bueno sin que implique agradar a todos y tiene razón. Lo que ocurre es que la ética, una cualidad indiscutible en una buena persona, también te hace ser más pobre.

Es cierto que el dinero no lo es todo y que esa frase se dice como consuelo entre las lágrimas. Porque en el mundo real dinero y felicidad están fuertemente correlados (a nivel de países y a nivel individual, al menos hasta un generoso ingreso de unos 70.000 euros anuales) y, sobre todo, ser pobre está muy relacionado con una gran infelicidad y sufrimiento.

Pero dejemos el dinero porque la vida es preciosa por sí misma y es por eso que ser bueno, otra vez, se vuelve una empresa difícil.

Hace años hablé de cómo esta no es vida para tímidos y cómo el famoso capitán Smith del Titanic aleccionó a sus hombres con la frase: Be British, boys, be British, a la vista de que los pasajeros británicos guardaban cola respetuosamente ante los botes, mientras los estadounidenses empujaban y trataban de conseguir cualquier hueco que hubiera, les correspondiera o no.

Como punto magro para los buenos, esta historia es, casi con toda seguridad, apócrifa. Anotemos algo en su parte de la pizarra, aunque sea esto.

Vitoreada por la prensa británica por razones obvias, la frase es imposible de corroborar. Eduard Brown, mayordomo y superviviente del naufragio, recuerda escuchar esto del capitán Smith y son sus últimas palabras oficiales:

«Bueno, muchachos, haced todo lo que podáis por las mujeres y los niños, y cuidaos».

David Savage y Bruno Frey, dos economistas, se propusieron averiguar al menos si la frase de Be British fue probable.

A pesar de que el Titanic era un barco británico, la mayoría de su tripulación también, y era esperable un sesgo a favor de priorizar a los suyos en el salvamento, tras analizar los datos del desastre esta fue la conclusión:

Los británicos tenían un 10% menos de probabilidades de sobrevivir que cualquier otra nacionalidad y los estadounidenses un 12% más que los británicos.

Así que, al final, borramos la pizarra de los buenos y otro punto para los malvados.

A la bondad le queda el amor, pero es posible que al abrir esa puerta, la cama esté ocupada. Al menos en el caso de los hombres, pues los que presentan rasgos de «chico malo» tienen mucho más éxito sexual que los simpáticos y agradables.

¿Hablo de amor o hablo de sexo? Mejor dejo esa caja de Pandora en su sitio.

El resto de datos son desalentadores para el bien: los narcisistas tienen más probabilidades de ser contratados, ascendidos y mejor pagados, el enfado transmite competencia, ni hombres ni mujeres muestran predilección por hombres modestos…

Don Miguel no estaba muy seguro de cómo era el cielo, pero la tierra parece clara.

O a lo mejor no.

La última esperanza para los buenos llegaría en forma de libro: Give and take de Adam Grant.

Allí se trata de desvelar la respuesta definitiva, analizando gran cantidad de datos de diferentes ámbitos y sectores en cuanto a éxito terrenal.

En su modelo, Grant distingue tres tipos básicos de personas: los que siempre están dispuestos a dar («buenos»), los que siempre toman para ellos mismos como filosofía de vida («malvados») y los que están en un punto medio y dan y toman según la situación, prefiriendo, en general, guardar un equilibrio.

Y la conclusión es que los que terminan debajo del resto son los buenos:

Principalmente porque acaban anteponiendo los demás a ellos mismos, de maneras que les queman o terminan siendo explotados por los que siempre toman.

Pues vaya.

Sin embargo, ¿quién está en la cúspide del éxito?

Por una de esas paradojas, también los buenos.

Los que consagran su vida a dar conforman los dos extremos de un espectro donde, en el medio, van quedando los que toman y los que equilibran. Los que equilibran no ven con buenos ojos a los que toman cuando se topan con ellos (obvio) así que ejercen represalias echándolos hacia abajo y protegiendo a los que dan. Eso hace subir a los buenos hacia arriba, pues obviamente a los que equilibran les conviene tenerlos cerca. Los que toman tampoco se llevan bien entre ellos, y acaban jugando a juegos en los que todos pierden eventualmente y se hunden.

Esto explica (en parte) la aparente paradoja de que este mundo no está hecho para los buenos, pero el mundo acaba poniendo en la cúspide a los buenos.

La respuesta de Grant parece verdadera, porque no es nada clara.

Esta vida hunde y corona a los mismos, es claramente injusta, pero también impide a los tomadores llegar a la cúspide o mantenerse durante mucho tiempo.

En definitiva, este mundo no está hecho para los buenos, pero sus extremos sí, así que las mayores desgracias y éxitos pertenecen más a ellos que al resto.

Y las pequeñas victorias importantes también. Especialmente teniendo en cuenta que los buenos tienen amistades de mayor calidad, son mejores padres, tienen relaciones más duraderas y exitosas (si consideramos ser concienzudos como rasgo en los buenos, y no volvamos a tocar amor y sexo, por favor) y también suelen gozar de mejor salud.

Es decir, inseguridad y tonos de gris, como en cada pregunta importante.

Aunque es probable que ciertas máquinas, que se pusieron a jugar a un juego tonto entre ellas no hace demasiado, tengan la pieza que le falta a este Tente. Una historia para otro día.

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