Isaac Belmar

La venganza será mía

20 01 - 2020

Reglas sencillas para una vida complicada

La vida es un asunto complejo. Caótica, imprevisible e incontrolable, al menos nos queda la ilusión.

La ilusión de poner un poco de orden aunque sea placebo. Unas reglas que nos digan cómo funciona o qué dirección tomar en un lugar que carece de caminos.

Una brújula.

Con el tiempo, compruebas que algunos patrones se repiten, si no en la vida, al menos en ti. De esos patrones, como una gota destilada, empiezan a caer reglas que se cumplen más de lo que fallan.

Así que te aferras a ellas y esperas que te salven. O al menos que te indiquen un camino, que de salvarme me encargo yo.

Por eso, guardo unas reglas sencillas de las que echo mano a menudo. Con ellas, me ahorro pensar siempre desde cero cada opción, con sus pros y sus contras.

La regla de Pareto, o regla del 80/20

La regla fundamental de la vida, que es acumulativa. Por eso, resulta aplicable a casi todo.

En la práctica viene a decir que un 20% de cosas son responsables del 80% de los resultados en cualquier situación.

Por supuesto, 80 y 20 son porcentajes indicativos. Como el mundo y la vida son acumulativos, desde los tiempos de Pareto, en los que obtuvo esos resultados, los porcentajes se han incrementado hasta el 90/10 o el 99/1 en muchos casos.

En la práctica, implica buscar siempre las pocas cosas importantes en una situación y tratar de centrarnos en ellas.

Especialmente en tiempos de distracción constante, centrarse en lo importante es un acto de rebeldía, porque el 20% no es agradable o divertido en muchas ocasiones.

En todo lo que hago trato de preguntarme: ¿Cuál es el 20% importante en el que centrarme?

Si quiero aprender algo nuevo, investigo qué material es ese 20% importante que me dará el 80% de resultados. Si quiero cambiar un hábito o introducir uno nuevo, me pregunto cuál es el 20% importante de acciones en el que centrarme.

Y así.

Cuando no uso la regla del 80/20, mi lista de cosas es interminable y no distingo las que devoran tiempo de las que aportan algo.

Esta regla tiene otras variaciones, como la Ley de Sturgeon. Esta viene a decir que el 90% de lo que todo lo que hay es basura y tiene una implicación importante: puedes ignorar tranquilamente el 90% de cosas, personas o noticias.

Un juego de tiempo limitado como este requiere una búsqueda constante de ese poco que es importante.

La regla de los 3 años

Esta es sencilla. Si dentro de 3 años no me veo haciendo algo, no lo empiezo.

La apliqué a la hora de comenzar con esta web, me pregunté si en 3 años me veía dedicando mucho tiempo a escribir sobre temas que sólo me interesan a mí.

La respuesta también fue sencilla, ya llevo toda una vida así.

Por eso, si no me veo haciendo algo de aquí a 3 años, en ausencia de cualquier resultado, no empiezo.

La regla de «cero días cero» Un «día cero» es un día en el que no has hecho nada de provecho por alguno de esos proyectos que quieres ver cumplidos. Los que son importantes para cada uno.

La regla básica es que no pase un día sin haber hecho algo por ellos, aunque sea un poco, cinco minutos. La regla es que haya «cero días cero».

En realidad, la aplico a rajatabla cuando se trata de escribir, pero poco más, porque puede ser una buena regla, pero sólo para muy pocas cosas.

Además, es dada a excusas.

Puedes ponerte 5 minutos cada día para matar la culpa o decir que, estrictamente, no estás fallando, pero eso te hará avanzar poco. Estás cumpliendo la regla y a la vez haciendo trampa. Si eso sucede, es mejor la siguiente.

La regla de los 2 días

Puedes estar 1 día sin hacer eso que deberías estar haciendo, pero nunca puedes estar 2 días seguidos.

Ideal para cuando quieres adquirir un hábito (preferentemente positivo), la regla implica que, al menos, harás algo día sí y día no.

Escribes, conectas o quedas con los amigos, trabajas en ese proyecto importante…

Esta regla es más humana, porque los humanos fallamos y necesitamos descansar, pero permite avanzar en lo que quieres.

La regla de los 2 minutos

Si hacer algo cuesta menos de 2 minutos, lo hago ya. No lo retraso, no lo pongo para otro rato, lo hago ya y lo quito de en medio. Si he de emplear 2 minutos o menos, va a costar más anotarlo y volver a ponerme en el futuro que hacerlo ahora.

La aprendí hace muchos años de David Allen y su sistema de productividad GTD. Es prácticamente lo único que me pareció salvable, junto con su regla de «tocar un papel una sola vez».

La regla de los 5 minutos

Es la técnica básica contra posponer lo importante, es decir, la procrastinación. Si estoy posponiendo algo que debería hacer, me pongo solamente 5 minutos.

Cuando pasen, lo dejo.

Si se cumplen los 5 minutos y aún quiero dejarlo, paro. Si he tomado impulso y la inercia que jugaba en mi contra ahora lo hace a mi favor, sigo el tiempo necesario.

Si no vas a hacerlo lo mejor posible, no lo hagas Nos ahogamos en trabajo mediocre y ruido, así que como dijo un amigo: «Vale, pero no aportes».

Lo importante es la intención honesta, no el resultado. Tratar de hacerlo lo mejor posible en algo nos obliga a estirarnos, esforzarnos y crecer.

Salga bien o salga mal, es siempre la mejor inversión.

Y si no estamos dispuestos, no pasa nada. Yo no estoy dispuesto a dar lo mejor de mí en muchas cosas, así que no las hago.

En caso de duda, lee o muévete En esos ratos en los que no sé qué hacer o no tengo mucho tiempo, leo.

Siempre suelo tener un libro cerca, el lector electrónico o la aplicación de Kindle en mi teléfono. Así que, cuando no sé qué hacer, mi decisión por defecto siempre es leer.

Si esa decisión es imposible, entonces me muevo. Me levanto del sofá, me voy a dar un paseo o cojo los viejos guantes de boxeo.

Todos tenemos automatismos implantados y momentos así. Muchos los aprovechan para robarnos el tiempo y la atención con redes sociales o juegos tontos que tampoco disfrutas realmente. Sólo estás «matando» el tiempo, pero matar es un crimen. Así que me instalo mis propios automatismos y tengo esas dos decisiones por defecto para los huecos de tiempo.

Hay más reglas, he desechado muchas hasta quedarme con un puñado apenas y hay otras que no se pueden contar. Las reglas no sirven siempre, pero si son buenas, sirven mucho.

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